Entrevista a Roberto Cyjon, a propósito de su libro “Los senderos del ocaso – Anecdotario de un viaje muy especial. Polonia 2023”

Entrevista a Roberto Cyjon, a propósito de su libro “Los senderos del ocaso – Anecdotario de un viaje muy especial. Polonia 2023”
10 febrero, 2024 administrador

Con Roberto Cyjon, una entrevista sobre su nuevo libro, que va más allá del mismo

“Los senderos del ocaso-Anecdotario de un viaje muy especial. Polonia 2023”

 

En la foto de portada: algunos de los compañeros del grupo de viaje, que viajaron especialmente a acompañar a Roberto en la presentación del libro: Óscar Yáñez, Raquel y Elena Katz, las rochenses del grupo, Roberto Cyjon, Rocío de Llano, Rita Vinocur, Mónica Barbazita y Andrea Blanqué

Publicado en www.semanariohebreojai.com

 

Con Roberto Cyjon, ingeniero, escritor, familiar y compañero de travesía, compartimos las vivencias del singular grupo “Memoria y Dignidad “ que viajó a Polonia en mayo del 2023. Leer ahora el libro que surgió de los apuntes que lleva prolija y constantemente, mezclados con su sapiencia general, es muy singular. Esto es una introducción a un libro que hay que leer.

Roberto querido, aunque me he demorado y estamos haciendo esta entrevista cuando tu libro ya ha sido presentado – ¡cuánto me habría gustado estar! – sabes que para mí esto es muy especial. Compartimos en el mes de mayo aquel viaje singular del grupo “Memoria y Dignidad” a Polonia, del que nació el libro, publiqué varios capítulos en el Semanario Hebreo y he aquí que presentas el fruto. ¿Cómo estás viviendo esta nueva etapa?

Ana querida, tú sos parte integral del libro, no te has demorado en absoluto. La nota saldrá en su momento adecuado. Las razones obvias a que te referís son de las más tristes y complejas que nos hayan tocado vivir. Y vaya que informar a diario las actualizaciones de Israel son especiales para ti y valiosas para nosotros. En esta etapa, pese a haber publicado el libro, sigo digiriendo aquel viaje a Polonia al que tildé de “muy especial”. Tú has presentado muchos capítulos simultáneamente a mi escritura, y eso fue parte del estímulo para completarlos y transformarlos en un libro. Hago un aparte para agradecerle a Daniel Feldman, director de Contratapa.uy quien también publicó varios capítulos en su oportunidad. Lo mismo a Rosa Zytner por prologarlo y a Rita Vinocur por presentarlo. En síntesis, estoy contento con el logro conseguido gracias a tantos apoyos, y al del grupo en general.

¿Qué te parece el hecho que el anuncio de tu libro haya despertado interés en medios de comunicación nacionales? Te han entrevistado en el excelente y muy conocido programa Buscadores, también en Radio Sarandí. Son tribunas muy importantes. ¿Con qué impresión te fuiste de esas entrevistas?

Muy contento. Me satisface aportar mediante mi libro, aunque sea un grano de arena, a enseñar la Shoá como una tragedia esencialmente judía, pero perteneciente a toda la humanidad. Las entrevistas son imprescindibles para exponer estos conceptos. Cuanto más nos acerquemos a dicho objetivo, podremos estar tranquilos de haber hecho nuestra contribución a desarrollar y legar un mundo mejor.

Por si queda alguien que no te escuchó por radio o no te vio estos días por televisión… ¿cómo presentarías el libro? O mejor dicho ¿cómo resumirías su encare? Cuenta mucho de lo que viste, lo que hicieron los nazis, lo que vivieron los judíos… ¿es una combinación de todo?

Es una combinación de vivencias, conocimientos, reflexiones, emociones y compromiso. Antes de partir asumí la eventualidad de escribir algo sobre el viaje. Fue así que apenas llegamos a Varsovia, antes de comenzar el primer free tour a pie compré una cuadernola. Escribí todo lo que me despertaba curiosidad o me agregaba información. La cuadernola se transformó en una bitácora de viaje y, a su vez, protagonista del libro. Hasta el punto que se transformó en la mismísima tapa. Adquirió vida propia. En algunos pasajes dialogo con ella. El cruce de sentimientos a medida que transcurrían los días fue germinando en mi mente un cúmulo de pensamientos, inquietudes, asombro y ansiedad por completar conocimientos. Tú bien sabes, al igual que los compañeros de viaje, que supimos compungirnos e intentamos asimilar información dolorosa. En realidad, sabíamos qué es lo que íbamos a ver, pero no la dimensión del impacto de ciertos pasajes del recorrido. Todo ello, pues, se fue configurando en una voluntad de compartirlo de una forma fluida, pero metodológicamente rigurosa, coherente con un estilo narrativo solvente.

Roberto, con su cuadernola en todos lados, en el impactante bosque Lopojowa, uno de los puntos más estremecedores del viaje. A la derecha, Rocío de Llano

¿Es un pasaje por todas las paradas del viaje?

No por todas. Desde el primer capítulo me permití exponer mis sentimientos a medida que me reclamaban expresarse, y no fue por orden cronológico. Uno a uno fui escribiendo los recuerdos procesados en diferentes puntos del viaje, y quiso la casualidad que el último coincidió con el del final del recorrido. Consciente o inconscientemente, el último día del viaje cerró el libro en cuanto a anecdotario. Decidí agregarle dos anexos y un epílogo. Los anexos tratan sobre la economía de guerra y una selección de datos que entendí necesarios para completar meditaciones propias bajo el supuesto que despertarán el interés de los lectores.

¿Destacarías alguna en especial?

Son todos especiales… a los pasajes que más me conmovieron les di vida a lo largo de diez capítulos específicos.  Podría reconocer que a Varsovia le tuve que dedicar dos capítulos y lo mismo con Auschwitz Birkenau. Ambos escenarios, si bien no son historiográficamente comparables, son abrumadores e imposibles de sintetizar sin resignar información imprescindible.

En el viaje fuiste muy ordenado con tus apuntes, evidentemente detallados y prolijos… ¿Dirías que te salió el libro que querías, que habías pensado desde un comienzo?

Es verdad que no abandoné a los apuntes en ningún momento. Los detallé lo mejor que pude y los escribí a granel. No me detuve a ordenarlos. Lo que registré en crudo fue lo que pude plasmar a velocidad de apuntes de clase, y ese es el material que cimentó el libro. Conservo la cuadernola tal la cual escribí en Polonia. Se transformó en un sujeto inalterable en sí mismo. Respecto al resultado final me aferré, como te comenté antes, al compromiso de compartirlo. Lo único que tenía previsto era el objetivo de transformar el “relato” en “documento”. Para ello agregué información previa con notas a pie de página más investigaciones posteriores. El libro es la conjunción de dichos aportes, narrados a mi manera. Dado que debimos imaginar escenarios hoy inexistentes y, por supuesto, situaciones vividas por los tristemente asesinados, apelé a insignes sobrevivientes que nos legaron sus experiencias: Primo Levi, Jorge Semprún, Viktor Frankl, Yehuda Bauer, sin olvidar a nuestros queridos Ana Vinocur y Chil Rajchman, entre otros. El libro, pues, se transformó en mi propio testimonio, más el aporte de los compañeros de viaje hijos e hijas de sobrevivientes. Cada uno de ellos conmovedor y, a veces, tan desgarrador como sanador para sus espíritus. Conté con la enorme cantidad de fotos que todos fuimos tomando y compartiendo. Ahí sí que se destacan compañeras de viaje muy ordenadas y solidarias que fotografiaron una maravillosa colección de fotos. Más tus videos y entrevistas de impresionante valor documental. El material es sensible, nos llegó al alma a todos y a cada quien a su manera. Creo que el libro expresa esa conjunción de experiencias, si bien me hago cargo de cualquier error cometido en tal sentido.

La intención, a fondo

¿Cuánto de este esfuerzo está dedicado a instruir, a enseñar a un mundo tan ignorante en muchas cosas, y cuánto a vos mismo, o a nosotros, para poder sanar las heridas?

Tú lo resumís muy bien en la propia pregunta. Debo contestar por mí. Por todo lo que pude haber sabido previamente, es impresionante lo nuevo que aprendí. Supongo, por las múltiples conversaciones que mantuvimos a lo largo del viaje, que en similar medida esta es una realidad compartida. Sanar heridas es algo muy personal, por eso comenté antes que ojalá haya sido sanador para los hijos de sobrevivientes. Ellos y ellas visitaron lugares marcados a fuego en sus corazones y en la de sus sufridos familiares. Deseo que hayan liberado un poco la carga de sus alforjas. Sin embargo te recuerdo, que no siendo ni tú ni yo hijos de padres sobrevivientes, juntamos nuestras palmas al tocar la placa en homenaje a los caídos en el Gueto de Varsovia. Los sentimos propios a todos. Puse esa foto en la página 65. Para redondear tu pregunta cito los títulos de mi última novela y el último ensayo: “Marcados para siempre” y “La Shoá, un fenómeno no resuelto”. Esa es la respuesta. Por eso es vigente y hay que enseñarla.

Un grupo de aprendizaje y amistad

Creo que sería lindo que cuentes algo de lo singular de nuestro grupo, que fue el origen de una amistad que sigue todos los días. En mi caso, lamentablemente, a la distancia . Pero en Uruguay muchos se han encontrado y lo están haciendo estos días de nuevo.

Eso es algo fantástico. Estremece en la mejor acepción del término cuánto logramos querernos gracias a este viaje. Somos todos adultos con trayectorias diferentes, muchos no nos conocíamos de antes, y el viaje nos unió con una amistad entrañable. Sincera en afectos y solidaridad. Es mágico. Configura un valor agregado maravilloso de un viaje tan especial, pues no fue de turismo ni esparcimiento. El dolor de la experiencia conjunta nos consolidó como grupo e individualmente en un vínculo fraterno de cercanía y también a la distancia. Nuestro WhatsApp “hierve” cotidianamente y es simultáneamente serio y divertido.

¿Qué importancia tuvo a tu criterio el hecho que parte de nuestro grupo eran- son – amigos no judíos? Fue una gran cosa que éramos todos uruguayos… bueno, menos dos: el esposo de una de las compañeras, y el Dr. Mario Sinay, nuestro guía, libro abierto, erudito en el tema Shoá.

Nuestras diferencias fueron enriquecedoras. Es cierto que somos todos uruguayos y ese no es un insumo menor, pero no todos pensamos igual ni concordamos en diferentes perspectivas, incluso sobre el mismo viaje. Escucharnos entre todos con respeto y consideración mientras tú nos entrevistabas en el ómnibus, desayunábamos, cenábamos o callábamos, amalgamó una identidad colectiva sincera y afectuosa. Creo honestamente, y así lo escribí en el libro, que nos hizo mejores personas. Mario Sinay fue guía, maestro de lujo, compañero y “un personaje” en sí mismo. Es complejo “arriar” a cuarenta y tres adultos de 08:00 a 20:00 durante ocho días. En el mejor decir cotidiano: Mario es un fenómeno, “lo queremos”. Debemos agradecerle una enorme cuota del éxito de las vivencias compartidas.

Los judíos y Polonia

Volvamos a Polonia… donde nacieron nuestros padres, que además eran primos. Recuerdo que para papá Polonia no inspiraba absolutamente ningún sentimiento positivo. Para él, su país era Uruguay. Y también Israel como Madre Patria del pueblo judío. Por eso, reconozco, me choca un poco cuando se habla de Polonia como parte de las raíces. ¿Cómo viviste eso? ¿Cómo te sentiste allí?

Parecido. Suelo comparar a los judíos expulsados de España y Portugal que sintieron tal amor por sus raíces que se denominaros Sefaradíes. Por el contrario, los judíos provenientes de Europa Oriental, salvo excepciones, se despojaron de dichas nacionalidades. Sufrieron tanto y de tantas formas que hasta dejaron de hablar sus idiomas natales y solo mantuvieron el yidish. Papá era un fervoroso patriota de Uruguay, podría renegar de alguna situación al igual que cualquier ciudadano, pero “apenitas”. Amaba a Uruguay. Lo mismo respecto a Israel, coincido contigo, fue su Madre Patria. Eso no quita que Polonia haya sido la raíz de tres millones y medio de judíos. Toma en cuenta, Ana, la visita al Museo Polin en Varsovia, con referencias a mil años de vida judía en Polonia. Igualmente, me sentí incómodo en varias oportunidades. Los relatos escuchados durante nuestra vida hicieron que llegásemos a Polonia con prejuicios devenidos en prejuicios. A algunos logramos reconfigurarlos y limarlos, otros mantuvieron aristas punzantes. Plasmo esas emociones en el libro con la pretensión de ser lo más ecuánime posible.

En una de las barracas de Auschwitz convertidas en museo, buscando registros de antepasados asesinados en la Shoá en Polonia

 

Entre la Shoá y la dureza del presente

Estamos conversando muy cerca del 27 de enero, día internacional de recordación de las víctimas de la Shoá. Los judíos no precisamos fechas formales, pero éstas tienen su importancia simbólica. Y hablar de esto en el 2023 con el auge del antisemitismo y con lo que parece ser la reiteración del fenómeno de desmentido o relativización de la Shoá, esta vez respecto a la masacre de Hamas el 7 de octubre en el sur de Israel , es muy duro. ¿Cómo vivís todo esto que le está pasando al pueblo judío en Israel y la diáspora? 

Divido la respuesta. Al 27 de enero le rindo mi más sentido homenaje. Lloro a cada víctima, no alcanzo a describir mi inmensurable dolor por el millón y medio de niños asesinados. Me mantengo erguido, sujeto mis manos a la espalda y guardo silencio con la cabeza gacha en un silencio absoluto. A los negadores de la Shoá los desprecio profundamente. Son detestables y descartables. A los que la relativizan hay que rescatarlos mediante la educación. Suele movilizarlos más la ignorancia que el antisemitismo. La masacre perpetrada por Hamas el 7 de octubre es el mayor pogromo cometido en la historia del pueblo judío. Por su infame categoría e indescriptible dimensión, le sobrevuela el síndrome de la Shoá, pero no más que simbólicamente. No es el mismo contexto, no somos el mismo pueblo de aquella Europa aciaga, ni se trata del mismo enemigo. Es muy duro, lo sufrimos hasta lo insondable y lo enfrentamos con entereza. Lo escribo en plural, aun desde fuera de Israel, dado que lo siento en carne propia.

En realidad, le está pasando también al mundo, que parece a veces no haber aprendido nada… ¿no?

Immanuel Kant escribió un ensayo extraordinario en el año 1795, al que tituló: “Sobre la paz perpetua”. Es idealista y vigente, pero lamentablemente, el “realismo” impera sobre el “idealismo.” Buena parte de la Historia de la humanidad podría considerarse la historia de las guerras. Es difícil postular cuánto es intrínseco a nuestra especie y cuánto refiere a la incapacidad de aprender de lo horrible para construir un mundo mejor y más pacífico. Transito entre ambos polos tratando de aferrarme al ideal de una paz consensuada como alternativa a la opción de una guerra consumada. No es fácil.

No estamos solos

Casi para terminar… sabes que yo siempre insisto en que no estamos solos. Condenamos la incomprensión, la tendenciosidad antiisraelí, el antisemitismo de tantos disfrazado de antisionismo, pero debemos también ser muy conscientes de todos los que nos apoyan, alientan y comparten nuestras angustias y alegrías. ¿Quisieras comentar algo al respecto?

Tenemos excelentes amigos que nos acompañan en las buenas y las malas. El antisemitismo brotó en forma espontánea en mucha gente que, por lo visto, lo mantenía latente. Quien trata al Estado de Israel como al “judío” de los Estados, con el mismo desprecio, lo mueve la ignorancia sobre un conflicto tan complejo como el árabe, palestino-judío-israelí, o considera toda condena Israel, aun falsa y/o exacerbada, como “cosa juzgada” de antemano. Debemos insistir en el esclarecimiento, por problemático que sea. No somos ni pretendemos ser mejores que nadie, tampoco admitiremos ser considerados peores ni culpables de todos los males de la humanidad.

¿Algo más que quieras agregar?

Gracias Ana por tu profesionalismo y tus dotes de excelente persona. Fuerza en estos momentos, ya vendrán tiempos mejores.

Amén. Que así sea. Muchas gracias y éxitos, como siempre.

Gracias a ti.-