Sandra Veinstein, directora del Museo de la Shoá de Uruguay visitó el Museo de la Libertad y los Derechos Humanos de Panamá
En agosto (2026), tuve la oportunidad de visitar la capital de Panamá. Sabía que ya se había inaugurado una exposición sobre la Shoá en el Museo de la Libertad y los Derechos Humanos, así que no dudé en programar una visita.
Al llegar, fui recibida por Aliza Liberman, Coordinadora e Investigadora del Comité de Exhibición, y por Dalia Gateño, Presidenta de la Fundación Emet y Miembro de la Junta Directiva del Museo. Aunque no nos habíamos conocido en persona, habíamos interactuado previamente a través de reuniones por Zoom durante la pandemia, en el marco de la Red Latinoamericana para la Educación sobre la Shoá, organización creada en junio de 2020 para conectar digitalmente a museos y centros culturales que cerraron temporalmente sus puertas.
Visité la exposición inaugurada el 15 de julio en el pabellón «Guardianes de la Historia». Este recorrido histórico permite al visitante transitar por los momentos previos, durante y después de la Shoá. La exhibición ofrece un espacio que invita a comprender el desarrollo de los hechos que llevaron al exterminio, con el propósito de preservar la memoria y educar para el futuro, evitando que estos terribles sucesos se repitan.
El nombre del pabellón, “Guardianes de la Historia”, me pareció sumamente significativo: cuidar, proteger y preservar la memoria del Holocausto para que nunca se olvide y no vuelva a repetirse.
Una pieza clave de la exposición es un vagón original, en el que seres humanos, judíos, fueron trasladados como animales a los campos de concentración y exterminio. El vagón se encuentra en un lugar elevado, accesible desde afuera, permitiendo a los visitantes conectar con ese espacio sin ingresar en él. La imagen del vagón, con sus rendijas por donde se cuelan las luces, conmueve profundamente. Es imposible no imaginar a las personas buscando un poco de espacio, buscando conectar con el exterior en busca de libertad, en un espacio cerrado, inhóspito y opresivo.
Para mí, recorrer este espacio fue una experiencia profundamente significativa. Espero poder volver, pues museos como este deben ser visitados una y otra vez, ya que siempre hay algo nuevo por descubrir. La primera vez puede parecer que se pasó por alto algo, pero en realidad, todo está allí, solo hay que observar con atención.
Quiero agradecer especialmente la calidez y el afecto con que fui recibida por Aliza Liberman y Dalia Gateño. Sin duda, una visita que deja una huella profunda y que reafirma la importancia de preservar y educar sobre la memoria del Holocausto.-