Centro Recordatorio del Holocausto de Uruguay
Memoria, identidad y legado: un encuentro del Proyecto de Guili
Escribe Sandra Veinstein, directora del Museo de la Shoá de Uruguay
El miércoles 16 de setiembre (2026), en el marco del proyecto Guili, una propuesta que acompaña a niños y niñas junto a sus familias en el camino hacia la Bat y Bar Mitzvá, tuve la oportunidad de compartir un encuentro muy especial en la Kehilá, junto a niños, padres y abuelos.
La actividad estuvo dedicada a reflexionar sobre la Memoria de la Shoá y el papel del Centro Recordatorio del Holocausto de Uruguay y del Museo de la Shoá de Uruguay como espacios de memoria, educación y transmisión.
A lo largo del encuentro conversamos sobre la importancia de conocer la historia de la Shoá y de preservar los testimonios de quienes la vivieron.
El museo ocupa un lugar fundamental en esta tarea. A través de objetos, documentos, fotografías, testimonios y diferentes fuentes históricas, nos permite acercarnos a las historias de quienes vivieron la Shoá y, en muchos casos, lograron reconstruir sus vidas y llegar a Uruguay.
Cada objeto y cada documento nos habla de una persona, de una familia y de una historia. Detrás de las cifras y de los acontecimientos históricos existieron vidas, sueños, vínculos y proyectos que fueron interrumpidos por la persecución y el exterminio.
Hacia el final del encuentro, compartí una historia muy personal: la de mi padre, Samuel Veinstein Z”L, sobreviviente de la Shoá, quien atravesó aquella experiencia siendo niño.
Hablar de su historia en ese contexto tuvo para mí un significado profundamente especial. Durante muchos años, su historia formó parte de nuestra memoria familiar. Hoy, a través de mi tarea educativa y de mi compromiso con la memoria de la Shoá, siento también la responsabilidad de compartirla y hacer que pueda llegar a nuevas generaciones.
Fue especialmente significativo poder hacerlo frente a niños, padres y abuelos. Tres generaciones reunidas para escuchar, preguntar, reflexionar y acercarse a una historia que pertenece a nuestro pasado, pero que continúa interpelándonos en el presente.
Porque la memoria adquiere una dimensión diferente cuando puede establecer un puente entre generaciones. Cuando una historia es escuchada, recibida y luego transmitida, deja de pertenecer solamente a quien la vivió y pasa a formar parte de una memoria compartida.
En el marco de Guili, este encuentro tuvo además un significado especial: identidad, memoria y legado. El camino hacia el Bat y Bar Mitzvá es también un momento de acercamiento a las propias raíces, a la historia y a los valores que forman parte de nuestra identidad.
Educar sobre la Shoá significa entonces mucho más que enseñar un acontecimiento histórico. Significa generar preguntas, despertar la sensibilidad, fortalecer la identidad y asumir la responsabilidad de preservar una memoria que no debe perderse.
Compartir la historia de mi padre con estas nuevas generaciones es, para mí, una manera de mantener viva su voz y, al mismo tiempo, de reafirmar que cada uno de nosotros puede ser un eslabón en la cadena de la memoria.
Recordar para conocer.
Conocer para transmitir.
Transmitir para que la memoria continúe viva.-