Día Internacional del recuerdo del Holocausto, en el senado de la República.

Día Internacional del recuerdo del Holocausto, en el senado de la República.
2 septiembre, 2014 administrador

Semanario Hebreo, 31 de Enero de 2013.

El Senador Luis Rosadilla, orador principal en la sesión principal de la comisión permanente: Un homenaje a las víctimas del nazismo y un fuerte «Nunca más».

(El texto que reproducimos, es un amplio resumen de las palabras del Senador Rosadilla).

Esta fecha tendría que llenarnos de profundísimas reflexiones, y si la política es en su nacimiento un puñado de emociones, de sentimientos y de sueños, tiene que ser, en su realización, estudio, reflexión, trabajo y acción.

En la 42.ª sesión plenaria, de noviembre de 2005, luego de una serie de consideraciones, Naciones Unidas resolvió designar el 27 de enero como ‘Día Internacional de Conmemoración anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto’.

En esa resolución se expresa, entre otras cosas, lo siguiente: «2. Insta a los Estados Miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro y, en ese contexto, encomia al Grupo de Trabajo para la cooperación internacional en la enseñanza, recordación e investigación del Holocausto; 3. Rechaza toda negación, ya sea parcial o total, del Holocausto como hecho histórico; 4. Encomia a los Estados que han participado activamente en la preservación de los lugares que sirvieron de campos de exterminio, campos de concentración, campos de trabajo forzoso y cárceles nazis durante el Holocausto; 5. Condena sin reservas todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia contra personas o comunidades basadas en el origen étnico o las creencias religiosas, dondequiera que tengan lugar; 6. Pide al Secretario General que establezca un programa de divulgación titulado ‘El Holocausto y las Naciones Unidas’ y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro de la recordación del Holocausto y la educación al respecto, con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro; que le informe sobre el establecimiento del programa en un plazo de seis meses a contar desde la fecha de aprobación de la presente resolución; y que le informe, en su sexagésimo tercer período de sesiones, sobre la ejecución del programa».

Podrá pensarse, señor Presidente, que nos podríamos haber ahorrado la lectura de esa Resolución, pero creo que es medular recordarla porque esta decisión ha respondido a una profunda injusticia. Año a año sucede que cuando nos acercamos a esta fecha queremos pensar y ahondar, pero siempre nos encontramos con la misma respuesta. No nos dan las manos; no nos dan los brazos; no nos da la cabeza, porque cada vez que damos un paso nos damos cuenta de que hay diez pasos más para dar, y cada vez que conocemos algo, hay diez cosas más para conocer, y nos damos cuenta de la cantidad de años en que vivimos creyendo saber, sabiendo muy poco.

Obviamente que sobre esto hay muchos comentarios y debates laterales. A veces tenemos que escuchar discusiones que dan vergüenza ajena, sobre números, sobre cuántos miles, cuántos millones, cuántos niños; o sobre cuánta hambre, sufrimiento y tortura; sobre a quiénes, cuándo y cómo. En fin, excusas para no atacar lo esencial.

También habrán escuchado que esta fecha es algo a lo que Naciones Unidas accedió por el lobby judío. Si ponemos atención, podemos percibir qué débil es el lobby judío en el mundo, ya que tuvieron que pasar sesenta años para que Naciones Unidas instituyera una fecha que recordara la matanza de seis millones de judíos.

(…)

Señor Presidente: esta recordación tiene que tener un sentido más allá del doloroso recuerdo, más allá de las víctimas y de sus familiares; tiene que tenerlo más allá de los victimarios, de sus cómplices, de los omisos, de los oportunistas, de los distraídos, y más allá de los intereses; también tiene que tenerlo más allá de seres conocidos o anónimos, desde los que se rebelaron armas en mano –aunque esas armas fuesen acaso solo un palo– hasta los que arriesgaron sus vidas para hacer llegar algo de comida o de abrigo a quienes lo necesitaban, o aquellos otros que sin especular en posiciones de poder o de privilegios que los podían poner a salvo, usaron su capital personal o sus influencias personales para arrancar a cuanto ser humano pudieran de las fauces de la bestia parda. Respecto de este último grupo, Naciones Unidas ha dispuesto que gire este año el centro del recuerdo y la reflexión.

Debemos abocarnos a estudiar para saber y pensar, para comprender y asumir con humildad nuestra cuota parte en la Historia y comprometernos a no repetir errores y horrores. Para ello, para solo recordar, bastaría con apretarnos las manos y cerrar fuerte los ojos; apretarnos las manos, quizás, para no lanzar una trompada de ira al aire, y cerrar los ojos, quizás para apretar las lágrimas. Lo mejor es extender la mano y abrir muy grandes los ojos.

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Las primeras medidas adoptadas por Hitler tuvieron un objetivo esencial: consolidar al Partido Nazi en el poder. En seis meses fue eliminando a toda la oposición; con esa finalidad Hitler creó la Gestapo y estableció campos de concentración para reeducar a los descarriados por el marxismo. Se declaró abolida la libertad de expresión y de prensa, se prohibieron partidos y sindicatos, y estos últimos fueron sustituidos por el Frente del Trabajo del Tercer Reich. A partir de ese momento, Estado y partido comienzan a confundirse; cada oficina, cada organismo del Estado, estaba controlado por hombres integrantes del partido.

El antisemitismo se convirtió en la política oficial del Gobierno. Apenas llegados al poder los nazis celebraron su victoria con tropelías y ataques antijudíos; la víctima de la agresión fue la intelectualidad, cuyos integrantes llevaban una vida ordenada y disciplinada desde hacía muchos decenios.

Ante ello se levantaron enérgicas protestas desde el exterior, a las cuales los nazis respondieron que no eran otra cosa que instigaciones judías y, por lo tanto, resolvieron vengarse. Quiero agregar, porque así corresponde, que estas dos reflexiones anteriores las he tomado del libro de Alicia Fernández y Guillermo Algazé, «La Shoá. Holocausto del Pueblo Judío».

(…)

Saquémonos esa idea del cabo loco y su ejército a paso de ganso porque, para la solución final de los judíos, el 20 de enero de 1942 se celebró una reunión en la villa que tenía la SS a orillas del lago Wannsee.

El acontecimiento es tristemente célebre por considerarse el acto más importante de la historia de la solución final: la exterminación total de los judíos de Europa. El encargado de convocar al encuentro fue Reinhard Heydrich, quien citó a una serie de altos cargos del Gobierno para debatir la cuestión judía, adjuntando la copia de autorización firmada por Goering. En virtud de que la reunión comenzaba al mediodía, también se anunciaba que se ofrecería un refrigerio, ¡cómo no! Los individuos que se sentaron a parlamentar en la Conferencia de Wannsee eran funcionarios asalariados de una de las grandes naciones de Europa, y sus delitos estuvieron destinados a superar en magnitud a cualquiera de los actos criminales convencionales que hubiese conocido la Historia del mundo.

Resulta instructivo destacar, cuando algunos se refieren a los nazis como una clase inferior de animales, de escasa formación, que de las quince personas congregadas en aquella ocasión ocho habían alcanzado el grado de Doctor universitario.

Los asuntos discutidos en la Conferencia de Wannsee se han recuperado debido al ejemplar del acta levantada por Adolf Eichmann, Coronel de las SS y experto en asuntos judíos. Esto corresponde al libro «La solución final», citado en el libro «Marcados para siempre» de Roberto Cyjon.

En estos días hemos ido a visitar bibliotecas –entre ellas la del Poder Legislativo–, que tan bien nos hacen. De esa forma, pudimos apreciar la información con la que contaban los uruguayos en aquella época.

El día viernes 4 de noviembre de 1938, el diario «El Día» informaba que 15.000 polacos serían deportados a Polonia, en su mayoría judíos, y no podrían regresar. Un cable de UP, en la misma página de ese diario, daba cuenta de que a través de una reglamentación se prohibía a los abogados judíos, a partir del día 30, obtener las patentes.

El día 11, en la página siete del mismo diario, se da cuenta de la «Noche de los Cristales Rotos »; se hablaba de miles de presos, de miles de comercios rotos y de leyes que condenarían, hasta a veinte años, a cualquier judío que portara armas.

Obviamente, el día 12, Goebbels niega que el gobierno estuviera detrás de todo eso. El 13 de noviembre de 1938, el diario «El Día», en su página seis, informa que a los judíos se les impondría una multa de mil millones de marcos.

Quiere decir que en los diarios de aquella época se anunciaba todo lo que hemos repasado hoy en un libro moderno con respecto a la prohibición de concurrir a las universidades, a las escuelas y a cualquier clase de salida, entre otras cosas; todo eso ya era noticia en nuestros diarios.

Asimismo, quiero destacar que el 23 de noviembre de 1938, el diario «El Día» publica en la página nueve que el jueves 24, en 18 de Julio y Agraciada, habría un gran acto público contra el fascismo, el racismo y el antisemitismo, en el que harían uso de la palabra Edmundo Castillo, Felipe Gil, Arturo Dubra, Víctor Dotti, Eugenio Gómez, Ramón Díaz y Roberto Ibáñez. El día 30 de noviembre del mismo año, el diario «El Día», en la página ocho, publica una nota emitida por el «Das Schwarze Korps» –disculpen mi pronunciación–, órgano oficial de las tropas de asalto, que decía lo siguiente: «El día en que un arma judía o comprada por un judío ataque a un hombre destacado de Alemania, no habrá más judíos en Alemania. Esperemos habernos explicado claramente».

El sábado 3 de diciembre, los judíos no pueden salir de sus casas por ser el «Día de la Solidaridad Alemana».

(…)

Sin ánimo alguno de echar alguna sombra sobre esta sesión que debe ser de reflexión y no de debate, procedo a leer una serie de opiniones que en aquella época aparecían, sin indicar –quien lo quiera estudiar lo puede hacer, están los libros abiertos– procedencias ni nombres. En 1933, un medio de prensa de circulación nacional publicaba: «El observador más superficial contempla hoy atónito el proceso creciente de la balcanización o judaización de nuestra población (…) el peligro mayor es que esas masas exóticas procedentes de países de los cuales nos hallamos separados por verdaderos abismos del punto de vista racial, cultural y político, puedan organizarse en fuerza política poniendo en peligro nuestras instituciones.

La patria es el hogar de sus hijos nativos». Hago ahora otra cita textual: «Para muchos, el judío es uno de tantos extranjeros que llega al país. Este país, que no tiene prejuicios de raza está viendo nacer el conflicto de que no se ha librado ningún pueblo en ningún siglo (…) Nombre de usurero es sinónimo de judío, prestamista de los gobiernos y de particulares, interviene en quiebras fraudulentas, impone precios y artículos, siembra el materialismo, personifica la dureza capitalista, responsable en parte del odio de clases». Otra cita más: «El comunismo es dirigido, lisa y llanamente por judíos, luego son los judíos y dentro de ellos los más retrógrados, los más disolventes e indeseables, los que practican esta arbitraria doctrina de absoluta ilegalidad ». También se decía: «Que el gobierno alemán haya alejado de la colectividad nacional también a los elementos antisociales deteniéndolos en campos de concentración para convertirlos en miembros útiles de la sociedad humana, fue una medida de autodefensa que en comparación con la magnitud potencial del peligro que representaban, se aplicó en forma muy humana». Esto fue publicado en la prensa nacional; a quien esté interesado, puedo darle las fuentes.

(…)

El señor Senador Abreu me recomendó –y se lo agradezco– no decir lo que igualmente voy a expresar aunque duela, aunque me duela y me dolerá, pero la verdad es la base de las transformaciones. He escuchado decir a uruguayos: «Vos no servís ni para judío, porque con los judíos jabón se puede hacer, y con vos, no».

No neguemos esa cultura; no neguemos esas ideas que estuvieron durante tanto tiempo; por suerte, creo que estas cada vez son menos, no tienen tanta fuerza y cuanto más las combatamos, menos tendrán. Por otro lado, eso fue dicho sin provocar reacciones radicales y drásticas de parte de quienes lo escucharon. ¿Quién de nosotros hoy no le pegaría una trompada en la boca a quien lo hiciera?

(…)

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