El Día Internacional en Memoria del Holocausto desde Uruguay

El Día Internacional en Memoria del Holocausto desde Uruguay
21 marzo, 2016 administrador

Por Prof. Gabriel Hojman (COPREDI), para CCIU. Publicado en Semanario Hebreo el 28 de Enero de 2016.

El 27 de enero es la fecha elegida como “Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto” por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 1° de noviembre de 2005.

 

La opción de la fecha se debe a que un 27 de enero de 1945 fue liberado el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, por parte de las tropas soviéticas.

Ivan Martynuchkin fue uno de los soldados soviéticos que entonces con 21 años, ingresó en Auschwitz; 70 años después declaró su sensación al encontrarse con los sobrevivientes: “…Era muy duro de ver. Me acuerdo de sus rostros, sobre todo de sus ojos, que dejaban ver lo que habían vivido, pero al mismo tiempo se daban cuenta de que estábamos ahí para liberarlos” (1).

El testimonio del soldado soviético, refiere al último día de Auschwitz. También contamos con testimonios que podrían considerarse como el revés de ese último día; relatos sobre el momento en que judíos cautivos ingresan a Auschwitz. Uno de esos relatos es el de Ana Vinocur, quien residió en Uruguay durante sesenta años: “Sentí un gran temor, porque nos están separando de nuestros padres y hermanos. (…) Doy vuelta la cabeza y, ¡qué veo! Detrás del alambrado se ve gente harapienta, parecen personas dementes, son mujeres… ¡Sin pelo!, ¡descalzas! ¡Esqueléticas! ¿Quiénes son estas mujeres? Nos hablan pero no las entendemos. (…)

Nos llevan a los lavabos. Delante de nosotras aparece una mujer corpulenta, nos grita, parece una fiera, nos indica, no comprendemos. Pero ella sigue hablando, pongo más atención y la oigo perfectamente.

Lo principal es la obediencia, ustedes no vinieron a un balneario sino que están en Auschwitz. Esto es un campo de concentración y la única salida es por la chimenea. […]” (2).

El fragmento anterior del libro “SIN TÍTULO” de Ana Vinocur fue extraído de un manual de Historia de Tercer año de liceo de Uruguay, donde se indica: “TESTIMONIO DE ANA VINOCUR, CIUDADANA QUE VIVE EN NUESTRO PAÍS, SOBREVIVIENTE DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE AUSCHWITZ.”

La referencia a que “la única salida es por la chimenea” es al humo de los hornos crematorios.

Ana Vinocur se instaló en Uruguay en la inmediata posguerra, como muchos otros sobrevivientes. El país también fue un lugar de acogida para refugiados que llegaron antes o durante el nazismo, salvándose así de los campos de concentración.

También llegaron refugiados victimas del fascismo en general como republicanos españoles u opositores a la Italia de Mussolini.

Pero hay otro aspecto a destacar: la lucha contra el nazismo desde Uruguay, tanto con actitudes individuales como colectivas.

Comenzamos estas líneas con testimonio de un soldado soviético que liberó Auschwitz. También podemos encontrar relatos de combatientes que liberaron campos de concentración siendo uruguayos.

Julio Gil Méndez relató: “cuando fuimos a buscar los prisioneros que quedaban -vivientes- en Dachau y Buchenwald, me cambió una cosa… que yo nunca había pensado que la barbarie nazi hubiera llegado a ese extremo, de sacrificar a la gente y quemarla en hornos crematorios (…). exterminaban a los judíos por el sólo hecho de ser judíos, (…) ahí me dio una cuestión… no sólo contra el nazismo sino contra todo gobierno que quiera oprimir e imponer su voluntad…”(3).

Julio Gil Méndez había nacido en 1915 en Mercedes, departamento de Soriano. A los 18 años se alistó a en la Aviación Naval como mecánico, luego pidió la baja y pasó a trabajar como mecánico en la aviación civil (en la zona montevideana de Melilla) donde recibió instrucción como piloto.

Durante la guerra vio un anuncio en un barco inglés en el puerto de Montevideo que decía: ‘’Alístese en la Fuerza Aérea Real’’.

Su hermano relata cómo fue su partida: «Cuando se fue a la guerra -cuando se embarcó- él engañó a mi madre; hizo como que despachaba todas sus valijas a Salto, como que venía a verme y a trabajar (…) pero era para engañar a la vieja. Entonces se embarcó y le dejó una carta con un amigo nuestro; cuando recibió la carta mi madre, él ya iría quién sabe por dónde (…) le hizo creer que se venía a trabajar de mecánico acá. Yo también recibí una carta (…)”

“Querido hermano, ya me imagino lo que pensarás cuando leas esta carta, (…). Se me presentó una hermosa oportunidad para conocer otros continentes y vivir en constante peligro (…). Cuando recibas ésta ya estaré lejos de estas tierras, aunque sé que a nuestra querida madre le costará un gran disgusto, pero es que mi porvenir está allá y estoy seguro que cuando vuelva, con la experiencia que traiga de allá, más de una compañía o club me ofrecerán hermosas oportunidades como para que mi madre pase una vejez tranquila; y si tengo la mala pata de no volver, sé que velarás por ella que tanto te quiere. […]

Decile al buen Don Francisco que le voy a mandar un casco alemán para que le dé de comer en él a los chanchos. […]

Si no tienes noticias mías no te aflijas hasta un año después de terminada la guerra, entonces si no hay noticias me puedes contar perdido, pero no antes. Si eso pasa y algún día te casas, al primer hijo que tengas ponele mi nombre. Te abraza…”»(4).

Julio recibió entrenamiento durante el año 1941 en Inglaterra, donde se ennovió con una joven inglesa que falleció durante un bombardeo alemán junto con su familia y vecinos.

A partir de 1942, Julio pasó a combatir en las Fuerzas Aéreas Francesas Libres en las colonias africanas contra las fuerzas de Vichy. A partir de 1944 participa en la guerra en territorio italiano, luego francés y finalmente, en 1945 alemán.

En setiembre de 1945 regresaron a Montevideo veinte de los voluntarios uruguayos. La mayoría de ellos habían formado parte de la 1° División Francesa Libre, pero Julio decidió quedarse un año más. Como piloto tuvo la tarea de transportar testigos franceses contra los nazis en el juicio de Nüremberg.

En julio de 1946 regresó a Uruguay, falleció en 1984.

Julio Gil Méndez pudo haber tenido contacto con Rolf Weinberg quien a fines de 1938 con 19 años de edad huyó de la Alemania nazi (debido a su condición de judío), instalándose en Uruguay.

Al caer Francia se alistó como voluntario en las Fuerzas Francesas Libres (5), al igual que Gil Méndez combatió en África y en Europa pero también en Medio Oriente, colaboró con el suministro de armas al comando liderado por Moshé Dayan que combatía en Siria contra las tropas del régimen de Vichy.

“Después de la guerra, Rolf se reencontró con sus padres en Montevideo. En 1954 regresó a Alemania (…). En 1968 se fue con su esposa Sara para España, (…) Sarah murió en 1988. En 1990 Rolf se instaló en Londres para unirse a Ruth, su compañera de juventud.”(6) Rolf falleció en 2011.

Hemos recorrido la vida de tres individuos que vencieron al nazismo desde Uruguay: una joven que sobrevivió a Auschwitz, formó su nueva vida en Uruguay y luchó contra el olvido testimoniando su historia en centros educativos uruguayos hasta su fallecimiento en 2006. Un joven que en una mirada superficial podría ser definido como “ajeno a la situación” pero resolvió combatir como soldado contra el nazismo. Otro joven que siendo un judío alemán, ya estaba “salvado” en Uruguay pero decidió regresar a Europa para luchar contra las potencias del Eje.

Estas actitudes individuales no fueron las únicas desde Uruguay, hubo más ciudadanos uruguayos que viajaron a combatir contra el nazi-fascismo pero también fue un aporte a la lucha contra el nazismo algunas actitudes colectivas, como renunciar a justas reivindicaciones en pos de colaborar con el esfuerzo bélico aliado. En enero de 1943 se desató una huelga de los trabajadores de los frigoríficos del Cerro de Montevideo.

En ese entonces no existía una central obrera única en Uruguay. Entre los obreros de la carne existían dos sindicatos con diferencias ideológicas:

– La “Federación de la Carne” integrante de la Unión General de Trabajadores (UGT), un antecedente de la aún no existente central obrera, afín ideológicamente a la Unión Soviética.

– La “Federación Autónoma de la Carne” con distintas tendencias ideológicas en su interior salvo la pro-soviética.

En el marco de un conflicto laboral el sindicato “autónomo” resuelve ir a la huelga, pero se encontraba en los muelles del Frigorífico Nacional un barco que abastecería de carne a los Aliados, por lo que el sindicato integrante de la UGT resolvió en asamblea exhortar a los trabajadores a continuar con la producción para el barco aliado. El criterio de los obreros de la “Federación de la Carne” queda claro en un testimonio anónimo: “los grupos nuestros de la Unión General de Trabajadores decíamos que íbamos a ganar primero la guerra y después vendrían las reivindicaciones sociales” (7).

Fue el criterio de muchas personas, en Uruguay y otras partes; priorizar la lucha contra el nazi-fascismo frente a los intereses personales: dar la vida en unos casos, renunciar a justos derechos en otros.

1 Diario Clarín. Buenos Aires, 27 de enero de 2015

2 Amestoy, Beatriz – Corral, Pilar – Decia, Alfredo – Di Lorenzo, Lydia: Historia III. Editorial: Santillana, Montevideo, 1998- Pág. 249.

3 Troche, Pedro: Molinos de Viento: La vida de Julio Gil Méndez, aviador uruguayo en la Segunda Guerra Mundial. Edición del autor. Montevideo, 2002. Pág. 82.

4 Ídem, Págs. 26-27

5 Revista Marburg Monats Mekblatt, N° 38, Montevideo, julio de 1945. Tapa.

6 Traducción de la página de la Association of Jewish Refugees: http://www.ajr. org.uk/index.cfm/section.journal/issue. Oct02/article=465

7 Bertolini, Raúl: Memorias del Oeste Montevideano, edición del autor Montevideo, 2000, pág.74. citado por Porrini, Rodolfo: Experiencia e identidad de la nueva clase obrera uruguaya: la huelga frigorífica (montevideana) de enero de 1943. Historia UNISINOS Nº6, Sao Leopoldo (Rio Grande do Sul, BRASIL), julio-diciembre 2002.

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